Uber y Cabify y su alto índice de siniestralidad por las malas prácticas de sus conductores

Además de agravar el tráfico de las ciudades y provocar siniestros a diario, los VTC no están contribuyendo a mejorar la calidad del aire en los entornos donde prestan servicio

El número de autorizaciones de VTC no para de crecer en nuestro país, a pesar de que este aumento trae consigo efectos negativos para las ciudades y sus habitantes.

Las empresas de VTC tradicionales siempre han realizado servicios muy diferenciados de los del sector del taxi y es por ello que la convivencia entre ambos sectores siempre ha sido posible. Sin embargo, con la irrupción de multinacionales como Uber y Cabify, se han multiplicado los problemas, y ya no solo para el gremio de taxistas, sino para el conjunto de la ciudadanía.

Diversos estudios a nivel internacional han corroborado que este tipo de multinacionales empeoran notablemente el tráfico de las ciudades. De hecho, recientemente la propia compañía Uber lo reconocía en un informe, en el que se analizó el impacto de sus vehículos en seis ciudades estadounidenses, concluyendo que contribuyen a crear numerosos atascos.

En España, además de ralentizar el tráfico en las urbes donde operan, los vehículos de estas plataformas se ven implicados en accidentes de tráfico a diario. Tal es así, que las propias compañías de seguros mencionan el alto índice de siniestralidad de estos vehículos y esto se debe, mayormente, a la mala praxis por parte de los conductores que trabajan para estas empresas. Sin embargo, la gran responsabilidad yace en dichas compañías, pues las malas prácticas por parte de los conductores son, en parte, fruto de las largas jornadas laborales que deben cumplir por orden de las multinacionales.

Aunque no hay unos datos estadísticos que evidencien esta problemática, hay hechos que hablan por sí solos. El caso más reciente fue el de un conductor que atropelló a dos personas en Triana, ocasionando el fallecimiento de una de ellas. También el que tuvo lugar en Alicante, cuando un conductor de Cabify empotraba su vehículo contra una rotonda tras ponerlo al doble de la velocidad permitida, tal y como relatan las cuatro jóvenes que iban en el interior del mismo. Las pasajeras sufrieron policontusiones y el conductor está siendo investigado por conducción negligente.

No se trata de un caso aislado, pues, tan solo unos días antes, otro conductor de VTC se llevaba por delante a un motorista en Madrid, presuntamente de forma intencionada tras producirse un altercado entre ambos, tal y como apuntan varios testigos que presenciaron los hechos.

A este tipo de siniestros se suma el desconocimiento y la falta de profesionalidad de estos conductores que, en algunos casos, les ha llevado a conducir en sentido contrario, como sucedió en Sevilla, o entorpecer el tráfico al seguir las indicaciones del GPS porque no conocen el itinerario de las ciudades. Todo un sinfín de graves incidentes que ponen en riesgo la seguridad e integridad de sus usuarios, pero también la de los demás conductores y viandantes.

Los VTC empeoran la calidad del aire de las ciudades

Además de agravar el tráfico de las ciudades y provocar siniestros a diario, los vehículos con autorización VTC no están contribuyendo a mejorar la calidad del aire en los entornos donde prestan servicio. Son los propios datos los que ponen de manifiesto que la huella que dejan los vehículos utilizados por plataformas como Uber y Cabify no es precisamente ecológica y responsable con el medio ambiente.

A nivel internacional, según la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente, comúnmente denominada Transporte & Medio Ambiente, y solo teniendo en cuenta las ciudades de Londres y París, el impacto de Uber es de media megatonelada de CO2, o lo que es lo mismo, contamina lo mismo que 250.000 vehículos privados.

En el caso de Madrid, el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, presentó a finales de septiembre en el Faro de Moncloa el avance de la nueva Estrategia de Sostenibilidad Ambiental Madrid 360, donde concluyó que el servicio del taxi es menos contaminante que el del sector VTC.

Según los datos mostrados por el propio regidor, el 59% de los taxistas tienen la etiqueta ECO y el 23% el distintivo C (vehículos gasolina posteriores a 2006 y diésel posteriores a 2014), en contraste con el servicio de VTC, pues el 28% poseen distintivo ECO y el 63% distintivo C.

Por su parte, los taxistas ya están obligados a usar coches ECO o Cero, pero, sin embargo, no ocurre lo mismo con los VTC, que, al no estar debidamente regulados, pueden seguir utilizando vehículos diésel que son contaminantes.

Es por ello que se vuelve fundamental que se establezca una regulación para que los VTC tengan que cumplir con una jornada laboral y tengan que utilizar vehículos sostenibles con el medio ambiente. Manuela Carmena desarrolló un borrador de la ordenanza para establecer una serie de requisitos para los VTC, como el de circular 16 horas al día durante cinco días a la semana, pero, finalmente, no salió adelante.

Precisamente, con esta norma se pretendía paliar los efectos negativos que han supuesto los VTC en la fluidez del tráfico, con el consiguiente aumento de la contaminación, y permitir que este sector pueda convivir con el del taxi. Solo si las administraciones competentes toman las riendas y empiezan a establecer unas condiciones a las multinacionales, se podrán reducir los siniestros por parte de estos vehículos –y, consecuentemente, mejorar la seguridad de los ciudadanos–, así como lograr mejoras en la calidad del aire de las ciudades.

Últimas noticias

Call Now Button