Los taxistas de Barcelona, ahogados por la falta de turismo

El fin de la regulación de la flota libera aún más taxistas en la calle cuando hay menos trabajo

A los taxistas no les salen los números. La ausencia de turismo en Barcelona y la disminución de los desplazamientos internos por motivos profesionales les ha dejado sin gran parte de su clientela habitual. Los movimientos internos de vecinos de la ciudad en taxi no son suficientes para alimentar la flota de más de 10.000 vehículos amarillos y negros. Entre ellos cunde el desánimo y el día que consiguen una carrera hasta el aeropuerto de El Prat o algún municipio de la costa ya se dan con un canto en los dientes.

La facturación ha caído un 60% respecto al mes de febrero según los cálculos del Institut Metropolità del Taxi (Imet), un porcentaje que el sindicato mayoritario del sector, Élite Taxi, eleva hasta el 80% si lo compara con el mes de julio del año pasado. Su portavoz, Tito Álvarez, considera la situación como “el peor momento de la historia del taxi”. Aunque lo cierto es que lo peor puede estar por llegar.

Durante el mes de julio había vigente una regulación de la oferta para adaptarse a la escasa demanda, permitiendo que hubiera en la calle el 60% de los taxis con licencia en lugar del 80% que sería habitual. Esto ha supuesto, en la práctica, cuatro días de trabajo para cada vehículo. La limitación daba continuidad a la normativa que redujo al 20% de taxis la oferta durante el estado de alarma desde mediados de marzo, cuando fueron uno de esos colectivos que siguió saliendo a la calle y dando servicio a los hospitales mientras gran parte de la población se mantenía confinada.

La regulación de julio al 60% se consiguió gracias a una ingeniosa interpretación del Imet sobre los días festivos intersemanales: acumularon todos los del 2020 e incluso los del 2021 en el mes de julio. La carta era buena y contaba con el visto bueno de todos los implicados, pero ha sido pan para hoy y hambre para mañana.

Una vez agotado, no se ha encontrado otra argucia legal que permita regular la demanda sin exponerse a una demanda judicial de algún taxista que quiera ejercer su derecho de trabajar todos los días. Si nada lo impide, a partir de mañana, con la llegada del mes de agosto, podrán volver a salir a faenar cada día laborable el 80% de los taxistas.

La limitación de la flota ha evitado que todos estuvieran dando vueltas sin facturar

“No tiene sentido tener a tantos miles de taxis en la calle cuando no hay trabajo”, enfatiza Álvarez en un diagnóstico compartido por la presidenta del Imet y concejal de Movilidad, Rosa Alarcón, pero ante el que ya no tiene más margen de maniobra para actuar. La pelota está ahora en el tejado de la Generalitat, que lleva semanas buscando algún tipo de camino legal para hacerlo pero, de momento, no lo ha encontrado. El Ministerio de Transportes, en última instancia, sería el encargado de resolver un problema que no es exclusivo de Barcelona. Lo sufren igual sus compañeros de Madrid, donde ya están todos circulando desde hace semanas.

Los principales sindicatos y organizaciones de taxistas reclaman que la flota con permiso para trabajar se reduzca al 50% cada día durante el mes de agosto, como si fuera fin de semana. De esta manera habría menos coches en la calle y, por pura estadística, el día de trabajo sería un poco más provechoso, sin pasarse horas esperando en las paradas como les está sucediendo actualmente.

La semana pasada se lo pidieron por carta a la consellera de Salut, Alba Vergès, y al conseller de Territori, Damià Calvet, y ayer se lo volvieron a solicitar al director general de Transportes de la Generalitat, David Saldoni, que comparte el diagnóstico con ellos pero no ve la manera de sostener jurídicamente sus peticiones. Los taxistas ponen como ejemplo lo que se está haciendo en las Baleares, donde se regula la oferta por una cuestión de salud pública y seguridad ciudadana, una vía que no se ve clara desde el Govern.

“Ninguna administración parece que tenga capacidad de regular”, lamenta Álvarez, que amenaza con movilizaciones de ámbito estatal para que el ministro José Luís Ábalos mueva ficha. En el sector, además, hay un gran malestar por las dificultades que se están encontrando muchos autónomos –que son la mayoría – para tramitar las ayudas del Gobierno dirigidas a afectados por la crisis del coronavirus.

Mientras tanto, desde el Ayuntamiento de Barcelona se están estudiando posibles parches que den algo de aire al mundo del taxi, con el que se han conseguido tender unas vías de entendimiento y complicidad con un sector tradicionalmente de complicado diálogo. Una de las opciones que estudia el gobierno municipal para incrementar la demanda entre los propios barceloneses, sin tener que esperar al incierto regreso de los turistas, es alcanzar acuerdos con asociaciones de comerciantes para que ofrezcan descuentos a aquellos clientes que lleguen hasta su establecimiento en taxi. Se trata de un modelo similar al que funciona desde hace años con aparcamientos en los que se ofrecen horas de estacionamiento gratis si se compra en el eje comercial.

…ante la falta de demanda

“No tiene sentido tener a tantos miles de taxis en la calle cuando no hay trabajo”

Otro aspecto en el que se trabaja es en la aceleración de la puesta a punto de la aplicación móvil de gestión pública, con la que esperan digitalizar la clásica mano alzada y generalizar el uso de la reserva desde el teléfono en un sistema donde estén los más de 10.000 taxis que conforman la flota del área metropolitana. Dicha aplicación, que tiene un plazo largo debido a su complejidad técnica, es la joya de la corona de un plan de choque para el sector acordado con los representantes de los taxistas en pleno estado de alarma para ayudarles a combatir la caída de clientes que había en aquel momento y que sigue vigente. La necesidad de sistemas adaptados a las nuevas necesidades como la aplicación móvil queda demostrada con los datos reportados por Free Now, la plataforma digital que actualmente tiene más taxis disponibles en Barcelona. Desde el confinamiento han crecido un 10% el número de conductores registrados.

La Vanguardia

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