El taxi de Santa Cruz reclama más seguridad en las calles: “¿Van a esperar a que maten a un taxista?”

Miguel Ojeda denuncia el ataque a una conductora en la madrugada del sábado al domingo | Nereida Vargas, en el sector hace cinco años, fue agredida por un cliente

“¿Van a esperar a que maten a un taxista?”. Son las palabras, que suenan a lamento, de Miguel Ojeda, la asociación con mayor representación en Santa Cruz del sector del taxis, que denuncia la agresión que sufrió una compañera la madrugada del sábado al domingo.

Ojeda recuerda que en la última reunión mantenida con el concejal de Servicios Públicos del ayuntamiento, el popular Guillermo Díaz Guerra, le plantearon la necesidad de que se instalen cámaras de videovigilancia. “Somos el único servicio público de la capital que no cuenta con ese sistema de seguridad, y hasta el PP apostó en la última campaña electoral por incorporarlas en los taxis de Santa Cruz de Tenerife”.

“Los robos y los tranques que padecemos los profesionales del sector del taxis son diario; el último le ocurrió a una compañera el fin de semana y meses atrás a otra que fue agredida en el garaje de su casa, en El Sobradillo“, explica. “Necesitamos seguridad”, sostiene con contundencia el portavoz de Elite Taxis Tenerife, Miguel Ojeda, que advierte que la incidencia de la pandemia se ha traducido en una mayor crisis económica, “y somos los taxistas unos de los grandes afectados por esta situación de inseguridad”.

Afortunadamente, “el individuo de los hechos del fin de semana ya está identificado, pero lo que no puede ocurrir es que cada vez que salimos a la calle nos estemos jugando el tipo”, añade Miguel Ojeda.

En primera persona

La taxista agredida la madrugada del sábado al domingo fue Nereida Vargas, de 45 años, casada y madre de dos hijos. Trabajadora en el sector de la hostelería, también en los tomateros y en seguridad privada, esta fisioterapeuta decidió imprimir un cambio en su vida profesional hace cinco años para atender a su madre, con movilidad reducida y que falleció hace ya un año. “En los trabajos no te permiten ausentarte para ir a su casa a atender a tu madre cuando tienes que hacer un cambio de pañales o prestar ayuda ante cualquier eventualidad”. Por eso se adentró en el mundo del taxis, que conocía de la mano de su esposo. Cuando atiende la llamada telefónica, Nereida admite que está “molida como un zurrón”. La experiencia de la madrugada del sábado al domingo la define como “algo bastante frustrante, algo que no se espera”, precisó.

Recuerda que poco después de las tres de la madrugada, la emisora de la asociación a la que pertenece reclamó una unidad para la zona del bar Antonio, en la calle Goya. Allí se trasladó y recogió a un hombre de unos 27 años que presentaba un evidente estado de embriaguez. Aún así, Nereida desvela que “me pidió que lo llevara a Taco, y cuando íbamos de camino, me dijo que lo dejara cerca del Centro Comercial Concorde, porque era la zona donde vive”.

Enfila la Autopista del Norte, “y cuando me aproximaba al puente de la Pepsi-Cola recibo la llamada desde la emisora en la que me solicitan que dé la vuelta y regrese al bar; entendí que se le había quedado algo al cliente y di la vuelta”, añade.

Ya cerca del bar Antonio, aparece un conocido del ocupante del taxis que le pregunta si tenía dinero para pagar la carrera o si, por el contrario, necesitaba que se lo prestaran”, un ofrecimiento que rechazó porque aseguró que tenía para satisfacer el pago.

De la calle Goya, Nereida puso rumbo con el ocupante de su taxi a Taco y, al superar el puente de la Pepsi-Cola, el cliente le pidió que lo dejara por la rotonda del McDonald’s. “Pensé: tiene solo diez euros y no cuenta con dinero para más. Seguro que se baja aquí y el resto del trayecto lo hace andando”, precisó la taxista. “El hombre empezó a palparse los pantalones buscando su cartera o el dinero. Bajó del coche para buscar mejor y salió corriendo, dejando abierta la puerta trasera, por lo que fui a cerrarla, momento en el que me encontré con el individuo que me cogió por la pechera de la camisa y me tiró al suelo, golpeándome en un ojo y a dos centímetros de que mi cabeza hubiera acabado en el bordillo de la acera. Hoy no estaría contándolo”, añade.

Nereida asegura que su intención nunca fue ir a reclamar el dinero al hombre porque “no me voy a jugar la vida por 10 euros; solo quería cerrar la puerta y salir de allí. Luego, al día siguiente, ya vería si llamaba al bar del que reclamaron el servicio para pedirle el importe de la carrera…”.

“Él me quitó de en medio. Me tiró y se fue corriendo”, explica Nereid, preocupada por el incremento de la inseguridad. “Esta vez fui yo, pero una compañera fue apaleada un tiempo atrás por unos críos que trasladó hasta el barrio de La Salud”.

“Cada vez más mujeres trabajamos por la noche y hay más inseguridad. Que te dejen sin pagar una carrera es ya algo habitual al menos una vez a la semana”, se lamenta Nereida, que tiene claro que por encima de todo está la vida. En sus cinco años al volante, recuerda a una compañera que recogió a dos mujeres embarazadas y acabó con un cuchillo que le colocaron por la espalda. “Esa compañera acabó por entregar la licencia al ayuntamiento”.

Nereida advierte que es paciente oncológica, con un cáncer de estómago. Ahora espera acudir al médico para que le realicen una ecografñia y verificar que la agresión del sábado al domingo no le haya complicado la recuperación.

Desde Elite Taxis, su portavoz hace un llamamiento a todas las autoridades para que aúnen esfuerzos y se garantice la seguridad. “El Covid-19 no solo ha supuesto un brote que pone en peligro de las personas por el brote sanitario sino que ha incrementado la penuria y, por tanto, la inseguridad; es necesario que desde el Ayuntamiento de Santa Cruz se lideren las acciones necesarias para que salir a trabajar en la calle no se convierta en una pasión, con la incertidumbre de que no sabes en qué estado vas a retornar de la calle, cuando sales a trabajar para alimentar a tu familia. No nos hacemos millonarios; en absoluto. Somos unos de los colectivos más afectados por esta crisis económica”, precisa Miguel Ojeda.

El portavoz de Elite Tenerife se siente desprotegido y pone ejemplos. “En la última reunión con Guerra les solicitamos las cámaras de videovigilancia, y nos dijo que era imposible con la maltrecha situación económica. ¡Fíjese que le planteamos al concejal que el ayuntamiento nos diera dos polos a cada taxis y dijo que era imposible porque la Corporación no tiene dinero”, añade. Para Ojeda, no caben rebajas en la seguridad y reclama todas las medidas para trabajar con seguridad.

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