La Confederación de Taxis de la Costa del Sol reclama ayudas por la delicada situación que viven

El sector mantiene su actividad como servicio público aunque arrastra una caída del 80% desde que comenzó la pandemia

El taxi está en «caída libre». Si la situación del sector ya venía siendo complicada con un descenso de la actividad del 80%, la implantación del toque de queda y las nuevas restricciones pueden ponerle la puntilla. Así lo advierten desde la Confederación de Taxis de la Costa del Sol a la hora de reclamar a las administraciones públicas algún tipo de ayuda que les permita salvar este delicado presente y un futuro incierto. «Tenemos que ver cómo reorganizamos la actividad, porque como servicio público que somos entendemos que debemos estar en la calle para quien nos necesite, pero la realidad es que no hay trabajo, así que aunque no cesemos nuestra actividad sí que necesitamos ayudas de la Junta o del Estado para poder mantenernos», afirma Guillermo Díaz, presidente de este colectivo que representa al gremio de todo el litoral malagueño.

De momento, al margen de las medidas de apoyo aplicadas a todos los autónomos, el único dinero público que ha recibido el taxi desde el comienzo de la pandemia ha llegado de los ayuntamientos para sufragar gastos como la instalación de mamparas. El último en aprobar una partida para ayudar al gremio a sufragar el sobrecoste necesario para tener el coche desinfectado y seguro ha sido el Consistorio de Málaga, que va a destinar 150.000 euros para los 1.432 vehículos que prestan servicio en la capital, aunque antes deben acreditar los gastos y estar al corriente de sus obligaciones tributarias.

«A partir de las diez y media de la noche no hay nadie en la calle», comenta Díaz, que este mismo jueves ha vivido en sus propias carnes el parón de la actividad. «Esta mañana salí a las 4.00 y hasta las 7.00 no he dado la primera carrera y eso que apenas había en la calle 25 coches. A partir de las 6.00 se van incorporando el resto hasta llegar a los 300, pero es que no hay nada de trabajo», se lamenta. Un panorama que el sector viene arrastrando desde marzo y al que no se le ve fin. «En julio empezamos a levantar e incluso aumentamos la flota al 50%, pero después del verano volvimos a caer en picado y ahora, peor aún porque después de haber perdido el tirón de la Semana Santa, la Feria y la temporada turística también nos quedamos sin el puente de Todos los Santos y seguramente sin la Navidad y las comidas y cenas de empresa, que son las que nos permitían coger un colchón para mantenernos en enero y febrero», explica.

Diario SUR

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