Una nueva movilidad rural para evitar el aislamiento: de minibuses bajo reserva a taxis con ayudas
Una vecina de edad avanzada en una urbanización de Vallirana utiliza su teléfono móvil para solicitar transporte. Minutos después, un pequeño autobús la recoge en una de las 89 paradas del municipio. No ha consultado horarios ni planificado recorridos: simplemente ha solicitado ser recogida. Este sistema, conocido como Transporte a Demanda (TAD), opera desde 2018 como un “taxi compartido” con tarifas públicas y actualmente alcanza a más del 80% de la población de esta localidad del Baix Llobregat. “La mayoría de nuestros residentes viven en urbanizaciones; debemos facilitarles el acceso al núcleo urbano”, afirma el concejal de movilidad, Jordi Urrea.
Aunque Vallirana no se considera un municipio rural, su modelo plantea una cuestión crucial para muchas localidades catalanas: ¿puede adaptarse el transporte a quienes habitan fuera de las zonas metropolitanas?
Esa reflexión ha sido objeto de análisis durante años por organizaciones como la Associació d’Iniciatives Rurals i Marítimes de Catalunya (ARCA), que impulsa soluciones de movilidad alineadas con las necesidades reales de los territorios con menor densidad poblacional.
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“Residir en el medio rural no debería implicar aislamiento”, señala Albert Puigverd, director de ARCA, durante una jornada sobre movilidad rural celebrada el lunes 5 de mayo en la sede de la Associació Catalana de Municipis (ACM). En un contexto en el que muchas comarcas combaten el envejecimiento poblacional, contar con opciones de transporte funcional puede ser decisivo para atraer nuevos residentes.
Elegir un lugar para vivir está cada vez más condicionado por factores como el acceso a empleo, salud o educación. Si acudir al hospital o al centro educativo más próximo requiere desplazamientos de 45 minutos en vehículo privado, muchas personas optarán por trasladarse. Por ello, repensar la movilidad implica también replantear el papel y la integración de las áreas rurales.
La Segarra: convertir el transporte escolar en servicio público
En la comarca leridana de la Segarra, la baja densidad demográfica hacía inviable mantener líneas regulares de autobús. No obstante, ya existía una infraestructura: el transporte escolar. “En las comarcas poco pobladas hay autobuses escolares, pero no transporte público”, resume Manel Alsina, director de la empresa Cots Alsina.
La solución emergió en 2017: una concesión de transporte público diseñada para coincidir en horario y ruta con los trayectos escolares. Se trata de un sistema con paradas y calendario preestablecidos, que solo se activa si hay usuarios registrados. “La oferta es extensa, pero solo circulamos cuando hay demanda”, explica Alsina. Está integrada en el sistema tarifario del ATM de Lleida, y permite desplazarse por apenas 50 céntimos.
El impacto ha sido notable: en una comarca con 22.000 habitantes, el servicio mueve a más de 25.000 personas anualmente, muchos de ellos estudiantes de ciclos postobligatorios que antes carecían de opciones de transporte.
Taxis públicos donde no llega el autobús
En el Berguedà, donde la población está dispersa y las distancias son largas, el Consell Comarcal ha implementado un sistema basado en taxis subvencionados. Estos servicios, gestionados por taxistas locales, operan bajo demanda con tarifas similares a las del autobús, garantizando así la conexión entre núcleos pequeños y servicios básicos como centros de salud, instituciones educativas o dependencias administrativas.
“Este modelo ha permitido mantener el vínculo entre comunidades dispersas y servicios esenciales, optimizando recursos limitados y aprovechando el tejido profesional existente”, afirma Eloi Guinjoan, técnico de movilidad de ARCA.
Alta Segarra: movilidad inteligente bajo demanda
En el norte de la comarca de Anoia, la Alta Segarra ha adoptado un esquema parecido al de Vallirana: transporte completamente a demanda. Mediante una red de 40 a 50 paradas distribuidas por el territorio, un software diseña en tiempo real el itinerario más eficiente en función de las solicitudes recibidas.
El resultado, según ARCA, es una considerable reducción en los tiempos de espera y rutas más adaptadas a la realidad geográfica de la zona. Un ejemplo claro de cómo la tecnología puede ponerse al servicio del territorio, y no al contrario.
Sostenibilidad en espacios protegidos
En la Garrotxa, el enfoque combina movilidad accesible y conservación ambiental. El proyecto ‘Rumbus’ ha desarrollado un sistema de transporte ecológico dentro del Parque Natural de la Zona Volcánica, reduciendo la necesidad de vehículos privados. Esta iniciativa ha logrado disminuir el número de coches en la zona central del parque, con el consiguiente beneficio ambiental, y ha facilitado el acceso respetuoso de los visitantes.
Utilizar el Rumbus no solo implica un medio de transporte eficaz y cómodo, sino también una contribución activa a la preservación del patrimonio natural.
Fuente | elperiodico.com
