En Hong Kong, las escenas de taxistas conduciendo con hasta diez teléfonos móviles colocados en el salpicadero se han vuelto sorprendentemente comunes. Cada uno de esos dispositivos está conectado a una aplicación distinta de transporte, desde Uber hasta plataformas locales, con el objetivo de no perder ni un solo cliente.
Manipular el móvil mientras se conduce está prohibido y altamente sancionado, pero la competencia en el mercado del transporte de pasajeros en China ha alcanzado tal nivel que muchos profesionales recurren a este tipo de prácticas extremas. Según medios locales, algunos conductores afirman que es la única forma de mantener ingresos estables ante la saturación de aplicaciones y la reducción de tarifas.
Además del riesgo evidente de accidente, los expertos advierten que esta situación está provocando altos niveles de estrés y fatiga mental entre los conductores. “Están pendientes de diez pantallas, cada una con sonidos y notificaciones diferentes. Es una locura que puede poner en peligro tanto a ellos como a sus pasajeros”, señalan desde la prensa local.
¿Y en España?
En España, el uso del teléfono móvil al volante está castigado con 200 euros de multa y la pérdida de hasta seis puntos del carné de conducir. La normativa también contempla sanciones por manipular navegadores o pantallas táctiles si se considera que distraen la atención del conductor.
El artículo 18.1 del Reglamento General de Circulación es claro: el conductor debe mantener “una atención permanente a la conducción”. Así, aunque cambiar la emisora o ajustar la temperatura no son infracciones por sí mismas, sí podrían serlo si un agente observa una distracción prolongada.
La situación en Hong Kong contrasta con la regulación española, pero plantea una reflexión global: ¿hasta dónde puede llegar la presión tecnológica sobre los conductores profesionales?
Fuente | elpais.com
