La seguridad en el taxi no es solo una cuestión de servicio, también lo es de vida. Y hay historias que lo recuerdan de la forma más dura. Una de ellas es la de Paulino Cobo, un taxista asesinado a sangre fría mientras trabajaba en Lloret de Mar.
La madrugada del 1 de julio de 2002, como tantas otras noches, Paulino recogía clientes en una de las zonas más concurridas del ocio nocturno. Horas después, fue hallado en su vehículo, aún con el motor en marcha, con un disparo en la cabeza. No hubo robo. No hubo forcejeo. Todo apunta a que fue un ataque directo, inesperado, sin posibilidad de reacción.
El caso conmocionó al sector. Un profesional que cumplía con su trabajo, que operaba dentro de la legalidad, acabó siendo víctima de un crimen brutal en su propio lugar de trabajo: su taxi.
Años después, la justicia condenó a dos personas, pero las dudas siguen abiertas. ¿Quién ordenó realmente el asesinato? ¿Fue un error? Aunque en su momento se habló de un posible robo de droga, la investigación dejó claro que Paulino no tenía ninguna relación con el narcotráfico.
Este caso, que vuelve a ponerse sobre la mesa en la serie Crims, es un recordatorio contundente: la seguridad en el transporte no puede dejarse al azar. Subirse a un vehículo sin garantías, sin licencia o sin control, no es solo una irregularidad, puede convertirse en un riesgo real.
Fuente | elcaso.elnacional.cat
