“Sigo con vida”, comienza relatando Ramón, el taxista que fue agredido por el joven que acabó abatido a tiros por la Policía Nacional este sábado en el aeropuerto de Gran Canaria.
Aún visiblemente afectado por lo ocurrido, Ramón narra cómo el individuo subió a su vehículo en la zona de salidas internacionales del aeropuerto y le solicitó un traslado hasta Las Palmas de Gran Canaria, situada a unos 30 kilómetros. El conductor, receloso por la actitud del pasajero y con antecedentes de haber sido víctima de robos, le pidió el importe del trayecto por adelantado. En ese momento, el joven comenzó a mostrar un comportamiento hostil: “Empezó a decir que estaba harto de la gente y me exigió que apagara la cámara del taxi”, explica.
Ante la negativa del pasajero a pagar y su creciente agresividad, Ramón le pidió que abandonara el vehículo y le advirtió que llamaría a la policía si no lo hacía. “Se negó a salir. Intenté que bajara, y fue entonces cuando me propinó un cabezazo y un puñetazo, y sacó de su mochila un cuchillo de carnicero”, relata el taxista.
Al percatarse del peligro, Ramón huyó hacia el interior del aeropuerto en busca de ayuda, mientras el agresor lo perseguía con el arma blanca. “Había gente intentando interponerse, pero también los amenazaba. No soltaba el cuchillo”, recuerda. Durante la huida, Ramón tropezó, lo que, según él, fue determinante para salvar su vida: “Si me alcanza con ese cuchillo, hoy no estaría aquí contando esto”.
El agresor, tras recorrer corriendo la terminal, salió al exterior y se dirigió a la zona de paradas de autobuses. Fue allí donde fue interceptado por agentes de la Policía Nacional. En el intento de reducirlo, el joven atacó a uno de los agentes, que cayó al suelo. La intervención policial incluyó disparos de advertencia al aire, seguidos de cinco impactos que terminaron con la vida del atacante, un joven de origen gambiano.
“El chico estaba fuera de sí, actuaba con odio. O tuvo algún problema serio o había consumido algo que le alteró gravemente”, opina Ramón, todavía conmocionado. “La policía actuó correctamente. Le dieron el alto, hicieron disparos al aire… pero él también se abalanzó sobre los agentes. Si ese policía no llega a caer, tal vez no lo estaría contando”.
El taxista está convencido de que, de no haber intervenido la policía, el desenlace podría haber sido trágico: “Tenía malas intenciones, y lo que me pasó a mí le podría haber ocurrido a cualquiera”.
Treinta años al volante y tres agresiones
Con más de tres décadas de experiencia como taxista, Ramón ha vivido ya tres situaciones de este tipo. “De todos los incidentes que he tenido, este ha sido el más grave. Ese joven venía directamente a hacerme daño, sin que yo le hubiera hecho nada”, asegura.
“En realidad, ni siquiera fue un atraco, porque no me exigió dinero. Solo quería que lo llevara a Las Palmas, y como me negué, reaccionó de esa forma tan violenta. No traía buenas intenciones”, matiza.
Pocas horas después del suceso, Ramón ya había regresado al aeropuerto con su taxi. “¿Qué otra cosa voy a hacer? En casa estoy peor, al menos aquí me mantengo ocupado”, concluye.
Fuente | antena3.com
