El debate sobre las condiciones laborales en el transporte público vuelve a primera línea. Distintas voces del sector están reclamando que los taxistas, junto a los conductores de autobús, puedan acceder a la jubilación anticipada sin penalización, al considerar que se trata de una profesión especialmente exigente, tanto a nivel físico como psicológico.
Actualmente, la normativa permite adelantar la jubilación hasta dos años de forma voluntaria, pero con importantes recortes en la pensión que pueden oscilar entre el 21% y el 2,81%. Sin embargo, existe una excepción para determinadas profesiones consideradas penosas, peligrosas o insalubres, que pueden retirarse antes sin sufrir estas reducciones. El problema, denuncian desde el sector, es que el taxi sigue fuera de esa clasificación.
Desde distintas iniciativas sociales se está impulsando que se reconozca oficialmente la dureza del oficio. Argumentan que, con la edad, aumentan los riesgos al volante y disminuyen ciertas capacidades, lo que no solo afecta al propio conductor, sino también a la seguridad vial en general.
Uno de los puntos clave del debate es el impacto que tiene el trabajo diario en la salud. Jornadas largas, turnos irregulares marcados por la demanda, conducción nocturna y exposición constante al tráfico son factores que, con el tiempo, pasan factura. A esto se suman problemas físicos derivados de pasar muchas horas sentado, así como dolencias musculares y circulatorias.
También se pone el foco en la exposición continua a altos niveles de ruido, que puede derivar en estrés, ansiedad e incluso pérdida de audición. Además, la contaminación y la calidad del aire dentro del vehículo refuerzan la idea de que se trata de una actividad con un componente de toxicidad relevante.
A todo ello se añade la presión psicológica de trabajar de cara al público, con pasajeros a bordo y en entornos urbanos cada vez más exigentes. Una combinación de factores que, según los impulsores de esta reivindicación, encaja plenamente en los criterios de penosidad, peligrosidad e insalubridad que contempla la legislación.
Por ello, se ha puesto en marcha una recogida de firmas para solicitar al Ministerio de Seguridad Social que incluya a taxistas y conductores de autobús en este grupo de profesiones. El objetivo es claro: permitir una jubilación anticipada sin penalización que reconozca el desgaste acumulado tras años al volante.
El sector del taxi, una vez más, vuelve a reclamar medidas que adapten la normativa a la realidad de un oficio esencial para la movilidad urbana. Porque, más allá de los números, está en juego la salud de quienes sostienen el servicio cada día.
Fuente | eleconomista.es
