28.04.2025_ Madrid. APAGÓN GENERAL ESPAÑA. Intercambiador de Avd de América y aledaños. Desde el medio día se ha producido un apagón general en toda España.Policia y fuerzas de seguridad del estado controlan los puntos de acceso a estaciones de METRO y AUTOBUSES INTERURBANOS. Muchas personas aguardan largas colas para poder trasladarse a sus casas y aguardan con la esperanza de poder coger un TAXI.José Aymá
Madrid, paralizada: taxis solidarios ante un apagón que sumió al país en el caos
Carreteras bloqueadas, el centro de la capital colapsado, aceras repletas de viandantes, largas filas para acceder a autobuses saturados y el Metro clausurado por completo. Así transcurrió la jornada del pasado lunes 28 de abril en Madrid, una fecha que ya se inscribe en la memoria colectiva de los españoles junto a otros episodios recientes más propios de la ciencia ficción que de la realidad.
La jornada ha pasado a ser recordada como la del gran apagón que dejó sin electricidad ni comunicaciones a gran parte del país. En medio del colapso, emergieron ciudadanos que ofrecieron ayuda desinteresada. Entre ellos, muchos taxistas que, ante el parón del transporte ferroviario, se convirtieron en un pilar esencial de la movilidad urbana e interurbana.
“Fue una locura”, resume Akram, taxista desde hace seis años en Madrid. Fue uno de los muchos profesionales que optaron por no cobrar carreras, ofrecer traslados gratuitos o fiar servicios, incluso a otras comunidades autónomas, para trasladar a personas atrapadas por el apagón. La falta de conexión dejó inoperativos los datáfonos, y con el efectivo prácticamente desaparecido de los bolsillos de los ciudadanos, muchos optaron por apuntar los datos de sus pasajeros para cobrar más tarde.
Una usuaria relató que algunos conductores registraron los teléfonos de los clientes para contactarles en cuanto se restableciera la cobertura y pudieran abonar el importe por bizum. Así ocurrió con Akram, quien este martes recibió el pago de un trayecto valorado en 60 euros que realizó el día anterior.
“Recogí a una chica en Chamartín que iba a Delicias. Tardamos más de una hora, cuando normalmente no lleva más de media. Tenía solo 30 euros y me pagó 20; necesitaba quedarse con algo de efectivo”, explica.
Otros compañeros vivieron situaciones similares. Juan, por ejemplo, realizó un servicio sin aplicar recargo alguno desde Salamanca hasta Vicálvaro. Al llegar, el datáfono seguía inoperativo. “Le di mi teléfono y me pagó después, con propina incluida”, cuenta.
Alex recuerda otro momento clave: transportó a un paciente oncológico que debía tomar su medicación, y decidió no cobrarle. Javier, otro taxista, también actuó con empatía: “Llevaba a un anciano y su hija. Cuando el taxímetro superó lo que podían pagar, lo paré y seguí hasta el destino”, afirma.
Jose fió dos servicios que luego se le pagaron por bizum. Además, dejó sin coste otros dos: “Uno iba caminando por la A-1, el otro me lo pidió llorando”. Juan Miguel, por su parte, ayudó a un menor perdido a volver a casa tras la petición de una pareja de policías en Embajadores. “Me ofreció pagarme, pero por supuesto me negué”, dice.
El caos no se limitó al centro. Muchos ciudadanos recorrían kilómetros a pie desde zonas como las Cuatro Torres hasta municipios del sur como Parla o Fuenlabrada. “Yo venía de Getafe y la gente me paraba por Villaverde. Bajaban caminando desde el centro”, explica Akram. Su jornada, que comenzó a las dos de la tarde y finalizó a las dos de la mañana, fue una odisea.
“No fueron muchas carreras, pero cada una duraba muchísimo. Lo que sí sé es que no estuve libre ni un segundo”, añade. Al igual que otros compañeros, tuvo que trasladar pasajeros hasta provincias como Segovia o Valencia. En esta última coincidió con cuatro taxistas más. “Había gente que necesitaba llegar a Córdoba o Jaén. En Segovia tuve que pedir ayuda a la policía para orientarme, porque no se veía nada y los GPS no funcionaban. Llegué a casa a las dos de la madrugada”.
El aeropuerto de Barajas se convirtió en una ratonera sin precedentes, con colas de hasta cinco horas para conseguir un taxi. Muchos, como una usuaria que compartió coche con un viajero francés hacia Atocha, optaron por soluciones improvisadas.
Incluso entrada la noche, el servicio seguía colapsado. Un conductor que comenzó a trabajar a las 23:00 describe la situación como aún “caótica”, a pesar de que ya funcionaban tanto la cobertura como los datáfonos. Transportó a personas que habían perdido trenes, familias agotadas tras pasar la noche en estaciones, y niños que no habían podido descansar.
Akram no olvida la angustia que presenció. “La gente no podía comunicarse. Solo estábamos nosotros. Las plataformas de movilidad, al funcionar por app, estaban inutilizadas. Al final fue cuestión de confiar. Pero, en general, la gente respondió con honestidad. Todos los que me debían algo, han pagado esta mañana”, concluye.
Fuente | elespanol.com
