Un taxista de Gipuzkoa ha conseguido que se le reconozca una pensión vitalicia tras comprobarse que no es apto para renovar su carnet de conducir por motivos de salud, una condición que le impide seguir trabajando como conductor profesional.
El caso llegó ante los tribunales cuando el trabajador solicitó que se reconociera una incapacidad permanente que le diera derecho a una pensión, debido a que su patología, no especificada en los detalles públicos pero valorada médicamente, le impide someterse al proceso de renovación del permiso de conducir y continuar con su actividad habitual como taxista. Según la resolución, la pérdida del carnet junto con la necesidad de conducción continuada y el trato directo con clientes en su trabajo hacen que su situación médica sea incompatible con seguir ejerciendo el taxi.
Tras analizar el caso, el tribunal ha concluido que el trabajador se encuentra en una situación en la que no puede renovar legalmente su licencia de conducción y, por tanto, se le concede una pensión vitalicia como medida de protección social. Esta prestación, que se mantendrá de por vida, se entiende como compensación por la incapacidad de seguir desarrollando una actividad profesional que requiere estar en posesión de un carnet válido.
La decisión refleja que, cuando las limitaciones médicas impiden a un profesional del volante renovar el permiso y ejercer su trabajo, las autoridades laborals y judiciales pueden conceder el derecho a percibir una pensión para garantizar un ingreso estable. Muchos en el sector del transporte y en el ámbito jurídico destacan que este tipo de resoluciones subraya la importancia de adaptar las prestaciones a las circunstancias individuales de cada trabajador cuando se trata de capacidades físicas o psíquicas que afectan de forma directa al desempeño de su labor.
Fuente | diariovasco.com
