Una investigación publicada en ‘The BMJ’ analizó los certificados de defunción de casi nueve millones de personas y encontró una menor proporción de muertes por Alzheimer entre taxistas y conductores de ambulancia
Los taxistas podrían tener una particular ventaja relacionada con la actividad que desarrollan cada día al volante. Un estudio publicado en 2024 en la revista científica The BMJ, que analizó los certificados de defunción de casi 9 millones de personas en Estados Unidos, encontró que los taxistas y los conductores de ambulancia presentaban una menor proporción de muertes atribuidas al Alzheimer.
La investigación analizó 443 ocupaciones diferentes y detectó que aproximadamente uno de cada 100 taxistas o conductores de ambulancia falleció por Alzheimer, frente a uno de cada 60 en el conjunto de las personas estudiadas.
Los investigadores no concluyen que conducir un taxi reduzca por sí mismo el riesgo de desarrollar Alzheimer. La posible explicación estaría en una de las actividades que más caracteriza al trabajo de estos profesionales: la navegación espacial constante.
Orientarse continuamente podría ser clave
A diferencia de otros conductores que siguen rutas predeterminadas, los taxistas tienen que orientarse continuamente, localizar destinos, modificar recorridos y actualizar mentalmente su posición en función del tráfico y de las circunstancias de cada servicio.
Según el profesor Hatim Sharif, de la Universidad de Texas en San Antonio, este proceso está estrechamente relacionado con el hipocampo, una región del cerebro vinculada a la memoria y a la navegación espacial y que, además, se encuentra entre las primeras áreas afectadas por el Alzheimer.
Los problemas de orientación y navegación espacial pueden aparecer, de hecho, entre las primeras señales de esta enfermedad, incluso antes de que los problemas de memoria sean evidentes.
Los conductores de autobús no obtuvieron el mismo resultado
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es que el menor porcentaje de muertes por Alzheimer no se observó de la misma manera entre conductores de autobús o pilotos de avión.
La diferencia podría estar precisamente en el tipo de navegación que exige cada trabajo. Mientras que los taxistas y los conductores de ambulancia deben tomar decisiones constantemente sobre dónde se encuentran y cómo llegar a un destino, los conductores de autobús suelen trabajar con recorridos previamente establecidos.
Los taxistas de Londres ya habían mostrado cambios cerebrales
Este resultado coincide con otro estudio realizado en el año 2000 sobre los cerebros de taxistas de Londres, comparados con los de personas que no ejercían esta profesión.
Los investigadores encontraron que los taxistas presentaban una mayor cantidad de materia gris en el hipocampo posterior, y que esta diferencia era mayor cuanto más tiempo llevaban ejerciendo la profesión.
La conclusión apuntaba a que estos cambios podían estar relacionados con la práctica continua de la navegación espacial y no con una característica hereditaria.
El taxi como ejercicio mental diario
Los autores consideran que ambos trabajos apuntan en una misma dirección: las actividades que exigen un uso intensivo de la orientación espacial pueden modificar determinados circuitos cerebrales y podrían tener un efecto protector frente al deterioro cognitivo.
Esto no significa que ser taxista garantice protección frente al Alzheimer ni que conducir sea un tratamiento para prevenir la enfermedad. Sin embargo, los resultados sí ponen de manifiesto la elevada complejidad cognitiva que puede existir detrás de una actividad que, a simple vista, podría parecer rutinaria.
Para los taxistas, pasar horas al volante implica mucho más que conducir: localizar calles, recordar recorridos, calcular alternativas y adaptarse constantemente a los cambios de la ciudad convierte cada jornada en un ejercicio continuo de orientación y toma de decisiones.
Fuente | latercera.com
