El sector del taxi vuelve a situarse en el foco tras las declaraciones de Manel Barea, quien ha puesto cifras y contexto a una profesión marcada por la inversión inicial, las largas jornadas y la incertidumbre de ingresos.
Tras más de una década trabajando como transportista, Barea decidió dar el salto al taxi buscando una mejor calidad de vida. Sin embargo, su experiencia refleja que, aunque el entorno cambia, la exigencia sigue siendo alta.
Una inversión elevada para empezar
El acceso al sector no es sencillo. Según explica, la compra de una licencia —habitualmente a otro profesional que se jubila— puede alcanzar cifras muy elevadas. En su caso, llegó a pagar 160.000 euros, una inversión que suele financiarse a través de entidades bancarias y que condiciona la rentabilidad durante años.
Además, a esta inversión se suman los costes de mantenimiento del vehículo. “En cuatro años me gasté unos 7.000 euros en averías”, señala, evidenciando que los gastos imprevistos también forman parte del día a día.
Facturación y horas: la clave del negocio
Uno de los aspectos más relevantes que destaca Barea es la relación directa entre horas trabajadas e ingresos. Para que el negocio funcione, asegura que es necesario alcanzar una facturación mínima mensual:
“Tienes que facturar mínimo 4.000 euros para que la cosa vaya bien; si no, es un mal mes”.
Para lograrlo, apunta que es imprescindible trabajar al menos 10 horas diarias, especialmente en los inicios. De hecho, reconoce que llegó a realizar jornadas extremadamente largas para poder sacar adelante la actividad.
Tiempos muertos y organización del servicio
El trabajo no siempre garantiza ingresos constantes. En paradas clave como estaciones o aeropuertos, los taxistas operan por turnos y orden de llegada, lo que puede traducirse en largas esperas sin facturar.
“Mi récord es estar cinco horas sin hacer ni un euro”, afirma, ilustrando la otra cara del servicio: la incertidumbre.
Un sector basado en normas y respeto
Más allá de los números, Barea subraya la existencia de un código interno entre profesionales. La mayoría trabaja como autónomo y bajo normas no escritas que priorizan el respeto entre compañeros, evitando conflictos como la captación indebida de clientes.
Dedicación total para hacerlo rentable
Las declaraciones del taxista reflejan una realidad clara: el taxi sigue siendo una actividad exigente que requiere compromiso, constancia y muchas horas al volante.
Lejos de la imagen simplificada que a veces se proyecta, el sector continúa enfrentándose a retos estructurales donde la rentabilidad depende, en gran medida, del esfuerzo individual y la capacidad de adaptación a un mercado cambiante.
Fuente | elespanol.com
