Raúl Montero y su mujer, Mercedes, son dos de los tres taxistas que trabajan habitualmente en Adamuz. La madrugada del lunes 19 de enero de 2026, su vida profesional dio un vuelco cuando el accidente ferroviario ocurrido en las inmediaciones del municipio convirtió una jornada normal en una noche interminable marcada por la urgencia, el silencio y la solidaridad.
“Estaba muy nervioso, pero en estas cosas no piensas, te pones a ayudar”, resume Raúl, todavía conmocionado y sin haber dormido en más de 24 horas cuando volvió a iniciar su servicio al día siguiente. Lo que empezó como un aviso en el móvil terminó siendo una carrera contrarreloj para evacuar heridos y familiares desde Adamuz hacia distintos hospitales de la provincia de Huelva.
Dos viajes completos hasta Huelva
La información fue llegando a cuentagotas: primero el descarrilamiento, después la colisión de dos trenes de alta velocidad y, con el paso de las horas, la confirmación de decenas de víctimas. El balance más reciente habla de unos 40 fallecidos y más de un centenar de heridos.
A partir de las nueve de la noche comenzaron los traslados. Raúl hizo dos viajes completos de ida y vuelta entre Adamuz y Huelva. El primero arrancó sobre las 21.00 horas y el último concluyó cerca de las 7.00 de la mañana. Entre ambos, decenas de kilómetros recorridos con pasajeros aún en shock.
“Llevábamos heridos, familias enteras, gente joven… personas que solo querían llegar a un hospital o alejarse del lugar del accidente”, recuerda. Cerca de una veintena de afectados fueron trasladados por este matrimonio durante la madrugada.
Un viaje en silencio
El trayecto hacia Huelva fue especialmente duro. Dentro del taxi no había conversaciones ni música. Tampoco la radio. “El silencio era muy malo”, explica Raúl. Los pasajeros apenas reaccionaban, todavía atrapados por lo vivido.
Algunos presentaban lesiones visibles. Una joven apenas podía bajarse del coche por su propio pie y otro pasajero sufría fuertes dolores cervicales y de espalda, por lo que fue atendido directamente al llegar al hospital. “No hablaban, estaban bloqueados”, relata.
El pueblo responde
El Ayuntamiento solicitó apoyo logístico y habilitó la caseta municipal para atender a los heridos leves y coordinar los traslados. También se organizaron autobuses hacia Madrid y Huelva para quienes no precisaban atención sanitaria urgente.
Mientras tanto, desde Adamuz salieron furgonetas, quads, turismos y taxis hacia las carreteras secundarias que conducen a la zona del siniestro. “Aquí todo el mundo se volcó”, apunta Raúl. “Nadie preguntaba, todo el mundo ayudaba”.
Agotamiento y memoria imborrable
El cansancio físico y emocional terminó pasando factura. “Toda la noche sin dormir”, reconoce Raúl. Mercedes estaba igual de exhausta. Aun así, resistieron hasta que, al amanecer, apenas quedaban personas en los puntos de evacuación.
Las investigaciones apuntan ahora a un posible fallo en la soldadura del carril como origen del accidente, aunque la comisión de investigación deberá confirmarlo.
Para Raúl y Mercedes, como para tantos vecinos, la madrugada del lunes quedará grabada para siempre. “No eres consciente de lo que haces hasta después”, confiesa él. “En ese momento no piensas. Te pones a ayudar”.
En medio de la tragedia, Adamuz descubrió una red espontánea de solidaridad vecinal. Y entre ambulancias y sirenas, dos taxis conducidos por vecinos anónimos se convirtieron en un pequeño pero esencial eslabón de ayuda para decenas de víctimas.
Fuente | vozpopuli.com
