La saturación turística desborda al servicio de taxi en Santiago
«Hasta hace poco lo habitual era trabajar con los turistas desde mediados de junio hasta que empezaban los colegios y la universidad. Después pasábamos el invierno llevando a algún empresario al aeropuerto o trasladando a una persona al hospital, lo normal. Ahora, en cambio, transportamos peregrinos desde Semana Santa hasta octubre, y el número de taxis es el mismo. Es imposible ofrecer un buen servicio, lo reconozco».
Así resume Manuel Sánchez, presidente del colectivo Radio Taxi Santiago, la delicada situación que atraviesa el sector en la capital gallega, un servicio que —según denuncia— se está degradando a gran velocidad desde que se recuperó la plena movilidad tras la pandemia.
La prolongación de la temporada turística es un hecho evidente en Compostela. Los hoteles de la ciudad lo perciben claramente y son testigos del malestar de sus huéspedes, que a menudo deben esperar largos minutos para conseguir un taxi con el que desplazarse al aeropuerto o a la estación de tren. En algunos establecimientos del casco histórico ya se recomienda reservar el servicio con antelación, puesto que, como reconocen desde la recepción de un hotel céntrico, «no es fiable».
El sector del taxi se defiende. «¿Sabes cuánto me lleva entrar y salir de la zona vieja en temporada alta para recoger a alguien? ¡Cuarenta y cinco minutos!», protesta Sánchez. «Ya invité al concejal de Mobilidade a que venga a hacer un servicio conmigo para que lo vea». Asegura que es imposible circular por las rúas abarrotadas de gente, especialmente cuando se conduce un vehículo híbrido o eléctrico: «No hacen ruido y nadie se aparta».
El impacto para el viajero que abandona la ciudad es considerable, pero el problema se agrava aún más en el caso del turismo de congresos. Las empresas organizadoras de estos eventos son ya conscientes de las dificultades de movilidad que presenta Santiago, una ciudad que, por tamaño y oferta, debería tener ventajas competitivas frente a otras capitales españolas o europeas. Estas carencias se intensifican especialmente entre septiembre y noviembre, meses en los que coinciden visitantes profesionales y peregrinos en calles y restaurantes.
Lo que nadie logra explicarse —ni el sector del taxi, ni el Concello, ni la Xunta, ni los propios ciudadanos— es cómo, a pesar de la creciente demanda, el problema se ha cronificado. Cuando comenzaron las primeras quejas, Santiago contaba con 144 licencias de taxi. Desde hace menos de un año operan además 123 vehículos VTC, que en teoría no pueden recoger y dejar clientes dentro del mismo término municipal, aunque los taxistas denuncian que lo hacen habitualmente. A esta cifra se suman, según Radio Taxi, «otros quince coches procedentes de una empresa de A Coruña que vienen los fines de semana cuando hay más trabajo».
Aun con ese aumento, el servicio sigue ofreciendo escenas de colapso: con la llegada de los últimos trenes procedentes de Madrid, entre cien y doscientas personas pueden bajar del AVE y encontrarse con solo dos taxis en la parada —o ninguno—. Situaciones similares se repiten a primera hora de la mañana, cuando decenas de viajeros llegan en tren o autobús a la estación intermodal con destino a centros de trabajo u hospitales.
La flota de vehículos con chófer, ya sean taxis o VTC, prácticamente se ha duplicado en los últimos meses, y seguirá creciendo con la tramitación de 29 nuevas licencias aprobadas este año por el Concello y la Xunta. Aunque en un principio esta ampliación generó recelo entre los profesionales, ha sido finalmente aceptada, sobre todo porque buena parte de las nuevas licencias se destinarán a taxis adaptados para personas con movilidad reducida, cuya demanda es elevada.
Sin embargo, nadie garantiza que el problema se resuelva. La experiencia reciente con la implantación de los VTC demuestra que la cuestión no radica únicamente en el número de vehículos disponibles, sino en la organización de un servicio público que permita a los profesionales trabajar de manera sostenible, con jornadas razonables y una rentabilidad adecuada. Y es que Santiago, por su tráfico denso y distancias reducidas, no parece ofrecer las condiciones ideales para ese equilibrio.
Fuente | lavozdegalicia.es
