La realidad del sector del taxi vuelve a poner de relieve el esfuerzo que hay detrás de una profesión esencial para la movilidad urbana. Sebastián, taxista en Mallorca, explica que alcanzar buenos niveles de facturación es posible, pero únicamente durante los meses de mayor actividad y a cambio de un importante sacrificio personal.
Durante la temporada alta, que abarca aproximadamente de abril a octubre, la demanda se dispara gracias al turismo, permitiendo ingresos que pueden resultar llamativos desde fuera. “Puedo llegar a facturar hasta 7.000 euros en un buen mes, aunque para conseguirlo trabajo hasta 14 horas al día y no me tomo ni un día libre”, señala.
Sin embargo, esta intensidad laboral no se mantiene todo el año. Con la llegada del invierno, la actividad cae de forma considerable. En meses como enero o febrero, la facturación puede reducirse a cifras entre 1.300 y 1.500 euros, lo que, una vez descontados los gastos, deja beneficios muy ajustados.
A esta estacionalidad se suma el elevado coste de acceso a la profesión. Según explica Sebastián, adquirir una licencia puede suponer una inversión de alrededor de 130.000 euros en grandes ciudades, e incluso superior en zonas como Baleares. A ello hay que añadir gastos fijos como seguros, mantenimiento del vehículo o combustible, lo que alarga el periodo de amortización hasta entre diez y quince años.
Además, el sector convive con una creciente competencia de otros modelos de transporte, lo que añade presión a unos profesionales que trabajan con tarifas reguladas y una estructura de costes estable.
Pese a todo, el testimonio de Sebastián refleja una realidad compartida por muchos taxistas: las cifras más altas de ingresos no son fruto de la casualidad, sino del esfuerzo continuo, largas jornadas al volante y una dedicación que pocas veces se ve desde fuera. El taxi sigue siendo un pilar fundamental de la movilidad, sostenido por profesionales que equilibran meses de alta exigencia con otros de menor actividad.
Fuente | elperiodico.com
