El líder de Élite Taxi afronta la división del sector mientras impulsa en Cataluña una nueva ley del taxi que pretende regular la convivencia con las VTC
Ocho años después de convertirse en uno de los rostros más visibles de las grandes movilizaciones del taxi contra Uber y Cabify, Tito Álvarez afronta una nueva etapa marcada por la división del sector y por su apuesta por una reforma legislativa en Cataluña.
Las protestas de 2018 y 2019 situaron a Álvarez y a Élite Taxi en el centro del conflicto entre el taxi, las plataformas de movilidad y las administraciones. Aquellas movilizaciones contribuyeron a impulsar cambios regulatorios sobre las VTC y consiguieron una movilización inédita de profesionales de perfiles muy diferentes dentro del taxi.
Desde entonces, Álvarez reconoce que el sector ha cambiado considerablemente. A su juicio, una parte ha evolucionado de forma positiva, mientras que también han aparecido prácticas que considera perjudiciales para la imagen de la profesión.
Una ley que vuelve a dividir al sector
Actualmente, el principal objetivo de Álvarez es sacar adelante la nueva ley del taxi que se tramita en el Parlament de Cataluña, una norma que, según defiende, pretende modernizar el sector y devolver a la Administración un mayor control sobre las licencias.
La propuesta contempla, entre otras medidas, la instalación de cajas negras en taxis y VTC, un requisito de nivel B2 de catalán para los conductores y una fórmula de “intercambio” mediante la cual parte de las actuales licencias VTC pasarían a convertirse en licencias de taxi.
Según Álvarez, estas medidas están generando oposición dentro y fuera del sector porque afectan a intereses y prácticas que, hasta ahora, habían quedado fuera del control que él considera necesario.
«Todos están en contra, pero no proponen alternativas», sostiene el dirigente de Élite Taxi, que defiende la regulación frente a los modelos de liberalización que, a su juicio, se están impulsando en otras comunidades.
De líder del sector a figura cuestionada
La posición actual de Álvarez contrasta con la imagen que proyectaba durante las protestas de 2018, cuando consiguió aglutinar a buena parte del colectivo del taxi.
Ahora reconoce que ha pasado de ser un referente compartido por gran parte del sector a recibir también fuertes críticas y acusaciones de haberse distanciado de los intereses de algunos profesionales.
Su respuesta es contundente: «Yo soy Dios o el diablo, no hay término medio». Asegura que quienes le cuestionan son principalmente aquellos que pueden verse perjudicados por los cambios que plantea la nueva legislación.
También niega haber aceptado ofertas económicas para abandonar sus reivindicaciones y asegura que ha rechazado intentos de ser comprado.
Ocho años después, una nueva etapa
Desde las protestas, Álvarez afirma haber cambiado su manera de afrontar la actividad sindical. Considera que ahora es el momento de dejar en segundo plano las movilizaciones y centrarse en la negociación política.
«Ahora no toca calle, toca despachos», resume, convencido de que el objetivo prioritario es conseguir que la nueva ley salga adelante.
El dirigente dejó de trabajar directamente al volante en 2019 para dedicarse a tiempo completo a la actividad sindical. Actualmente, según explica, mantiene sus ingresos a través de esta actividad y de una licencia de taxi que explota mediante turnos.
Del taxi a una nueva vida en Venezuela
En paralelo a su actividad dentro del sector, Álvarez ha cambiado buena parte de su vida personal. Desde hace más de un año reside gran parte del tiempo en Isla Margarita, Venezuela, donde se trasladó después de conocer a su actual pareja.
Reconoce que el desgaste de años de conflicto ha tenido consecuencias personales y que en determinados momentos llegó a plantearse abandonar la actividad sindical. Ahora, sin embargo, asegura estar completamente centrado en la tramitación de la ley.
Cuando termine este proceso, Álvarez contempla instalarse definitivamente en Venezuela, un país con el que asegura haber desarrollado un fuerte vínculo personal y donde también ha comenzado a participar en iniciativas de ayuda a la población.
Mientras tanto, su futuro dentro del taxi dependerá en buena medida del resultado de la nueva legislación catalana, que se ha convertido en su principal batalla tras ocho años marcados por movilizaciones, negociaciones y una profunda transformación del sector.
Fuente |elpais.com
