La realidad económica del taxi vuelve a ponerse sobre la mesa de la mano de Manel Barea, un profesional con más de una década en el sector, que ha explicado con detalle las claves para entender la rentabilidad de la actividad.
Durante su participación en un pódcast especializado, Barea expone con claridad uno de los principales retos de acceso a la profesión: la inversión inicial. En su caso, la adquisición de una licencia supuso un desembolso cercano a los 160.000 euros, una cifra que refleja la magnitud del compromiso económico necesario para operar en el sector.
Lejos de la percepción simplificada que a veces existe, el taxista subraya que el equilibrio económico no está garantizado. Según su experiencia, es necesario alcanzar una facturación mínima de unos 4.000 euros mensuales para que la actividad resulte viable, una cifra que debe cubrir gastos, mantenimiento y amortización de la inversión.
La rentabilidad, explica, depende en gran medida de factores como las horas trabajadas, la demanda o la capacidad de encadenar servicios. En este sentido, los trayectos urbanos y las noches de fin de semana suelen concentrar una mayor actividad, permitiendo mejorar los ingresos frente a jornadas más flojas.
Barea también pone el foco en el esfuerzo que implica el día a día. Durante años, llegó a asumir jornadas muy prolongadas para consolidar su negocio, aunque actualmente limita su tiempo al volante por motivos de seguridad, consciente de que el cansancio influye directamente en la conducción.
Además del aspecto económico, el profesional señala otro de los retos habituales: el trato con algunos usuarios. Tras años de experiencia, reconoce que las faltas de respeto siguen siendo uno de los aspectos más duros de la profesión.
En un contexto marcado por la transformación del transporte urbano y la presión de nuevos modelos de negocio, testimonios como el de Barea ayudan a visibilizar la realidad del taxi: una actividad que exige inversión, dedicación y una fuerte implicación personal para sostener un servicio público esencial.
Fuente | larazon.es
